Importancia del gestor cultural Importancia del gestor cultural
Por: Carlos de la Torre Paredes La gestión de la cultura es una actividad humana que se realiza en comunidad; desde el momento en... Importancia del gestor cultural

Por: Carlos de la Torre Paredes

La gestión de la cultura es una actividad humana que se realiza en comunidad; desde el momento en que existe un tipo de vida, tradiciones, creencias y expresividades, los grupos humanos –así sea de forma espontánea en un principio–, empiezan a gestionar su cultura por una necesidad natural de expresarse e identificarse con formas que le aporten pertenencia y significación.

Es esta necesidad por la que la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional sobre los derechos económicos sociales y culturales[1] definen como derecho fundamental “la participación en la vida cultural” que se ha de proteger y garantizar en toda su extensión. Convirtiéndose formalmente en la primera finalidad social de la gestión cultural.

Pero, ¿qué es la vida cultural? Representa la expresión de un grupo social, que está estrechamente ligada a su tradición y su memoria colectiva en relación con su realidad espaciotemporal; y se manifiesta en diferentes formas, acciones, lenguajes, empresas, industrias, organizaciones, entre otros elementos, que forman parte de los procesos de convivencia, que tienden a satisfacer las necesidades culturales, buscar fortalecer el sentimiento de pertenencia y la voluntad de compartir con los otros el patrimonio en común.

Entonces, la participación en la vida cultural, o la participación cultural, hace referencia directa a toda interacción que pueda tenerse con la cultura, desde lo individual o lo colectivo; producción, expresión, consumo y disfrute gratuito.

Los últimos años la gestión cultural se ha considerado una necesidad social, y esta idea toma cada vez más fuerza, debido a que si bien la gestión ha estado siempre presente, se ha comprendido que las sociedades democráticas requieren de altos grados de participación –incluida la cultural– si pretenden alcanzar el ansiado desarrollo integral.

Esta necesidad social encuentra sus base en, primero, la necesidad de expresión humana que genera activismo, voluntariado y militancia; a esto se suma que las estructuras de los Estados Nación generaron un cierto nivel de especialización en la gestión de la cultura, aunque en un principio muy sectorizada y que buscaba responder a intereses de grupos específicos –aun así, abriendo espacios de profesionalización–; como tercer elemento determinante se puede mencionar el mercado, el cual viene creando espacios para gestores culturales.

Los procesos de democratización que han significado avances para los Estados, sumados al desarrollo de un mercado significativo en el sector cultural, han producido un aumento de demandas de profesionalización en todos los sectores: el público, el privado y el tercer sector.

Vale mencionar que la gestión cultural no es una disciplina, ni se puede contemplar dentro de un marco epistemológico propio, sino que es una práctica fruto de un encargo social que se profesionaliza o se especializa. Esto le da una perspectiva multidisciplinaria que a su vez requiere de la construcción de un marco conceptual basado en sus necesidades propias.

Según Alfons Martinell Sempere, de la Universitat de Girona (Cataluña), entre las capacidades a desarrollar por los gestores, deben encontrarse:

» Capacidad de situarse en su contexto
» Capacidad de realizar su autoevaluación
» Capacidad de establecer una estrategia y política de desarrollo de una organización
» Capacidad de definir unos objetivos y finalidades a desarrollar
» Capacidad de proyecto
» Capacidad de visión
» Capacidad de combinar los recursos disponibles: humanos, económicos, materiales, etc.
» Capacidad de aprovechar las oportunidades  de su entorno
» Capacidad de desarrollar un conjunto de técnicas para el buen funcionamiento de una organización
» Capacidad de relación con el exterior
» Capacidad de adaptarse a las características del contenido y sector profesional de su encargo

Hoy más que nunca, los gestores culturales, profesionalizados, son requeridos para fomentar espacios de participación en la cultura, pues al manejar conceptos y herramientas vinculadas a su labor, el impacto que pueden generar en pro de una sociedad más democrática que apunte al desarrollo integral, resulta fundamental para consolidar cualquier proyecto nacional.

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[1]  Artículo 27: «Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes, y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten». NNUU. Declaración Universal de los Derechos Humanos. París, 1948. Disponible en línea: http://www.un.org/es/documents/udhr. Artículo 15, 1.a: «el derecho de toda persona a participar en la vida cultural». NNUU(. Pacto Internacional relativo a los derechos económicos, sociales y culturales (PIDESC), 1966. Disponible en línea: http://www2.ohchr.org/french/law/cescr.htm

Carlos de la Torre Paredes

Carlos de la Torre Paredes, Lima 1988. Escritor con cinco libros publicados, politólogo de profesión por la Universidad Nacional Federico Villarreal, maestrista en Gestión de políticas públicas en la misma universidad y especialista en gestión cultural en el ámbito local por la Universitat de Girona (Cataluña) y la OEI.

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